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    September 28

    Palabras de trompetista

       Un día como hoy, un 28 de septiembre, pero de 1991, fallecía un icono fundamental de la música en el siglo XX. "Si no pudiera descubrir o enriquecer el arte, encontrar nuevos enfoques, me sentiría culpable de estar vivo. Preferiría la muerte a la ausencia de creación. No tendría ninguna razón para vivir si no pudiera componer, digamos, una composición que me satisficiese. No que le guste a alguien, sino que me satisfaga, que les guste a mis amigos. Que me digan: ‘Si, Miles, que bueno’. Sin eso, no querría vivir. Sé que es egoísta. ¡Pero los genios son egoístas!". Así, controvertido, un poco racista y sencillamente fenomenal era Miles Dewey Davis III, el hombre que sacó de su trompeta sonidos que rozan la perfección.

       Nacido el 25 de mayo de 1926 en Alton, Illinois, se crió en una familia con una buena situación económica y aficionada a la música (su padre intentó ser músico, su madre era violinista y su hermana pianista). Su relación con la trompeta comenzaría a los trece años, tras recibir el instrumento como regalo de cumpleaños. Su primer maestro fue Elwood Buchanan y, durante su educación secundaria, tocó en la big-band de su instituto así como en distintas jam-sessions. Una vez terminados sus estudios, ingresa en una orquesta local, los “Blue Devils” de Eddie Randall, y a la vez perfecciona su estilo junto a Clark Terry. Sus primeros pasos verdaderamente importantes los da cuando, al regresar a East St. Louis (donde vivía con su familia desde los dos años), se une a la orquesta de Billy Eckstine, de la que formaban parte Dizzy Gillespie y Charlie Parker, para unos cuantos conciertos en la zona.

       Ya en 1945, Davis dejó St. Louis y a su mujer Irene para instalarse en Nueva York y estudiar en la Juilliard School of Music. El 6 de mayo de ese mismo año se produce su debut discográfico junto al sexteto del clarinetista y saxo tenor Herbie Field y el 26 de noviembre del mismo año graba finalmente con Charlie Parker, junto a quien trabajaría entre 1946 y 1948.

       Durante su carrera tocó con distintos músicos de renombre, entre los que se destacan John Coltrane (con quien formó un quinteto que, con varios cambios en su formación, grabó para Columbia Records desde 1955 hasta 1961), Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk, Herbie Hancock, Gil Evans, Keith Jarrett y Joe Zawinul, entre otros. Su discografía oficial supera los 110 títulos y su trompeta trascendió a los cambios estilísticos como ninguna otra, transitando como gran figura por el bebop, el cool jazz, el jazz modal, el hard bop, el post bop, el jazz rock (por el que fue ampliamente criticado), el jazz funk, el jazz fusión e incluso el acid jazz. Su continua busca de innovación marcó su carrera y su mezcla de géneros musicales fue muy criticada en su momento. Incluso, personas que antes eran sus fans llegaron a decir que lo que hacía lo hacía sólo por dinero. Como respuesta a las críticas, Miles dijo: "¿Jazz, rock, underground, clásico? Me niego a compartimentar los géneros. No es así como contemplo la música. Parto de una base completamente diferente. Cuando alguien que se considera un aficionado al jazz me dice que ya no toco jazz, me quedo perplejo. Nunca decido qué tipo de música voy a tocar, sencillamente porque nunca he pensado que la música se divide en diferentes categorías. Además, ¿cómo es un aficionado al jazz? Por lo general es alguien que siempre quiere oír los mismos viejos tópicos. ¿Por qué? ¿Acaso siempre lleva la misma ropa? ¿Sale siempre con la misma mujer? ¿Va siempre con la misma gente?".

       Muchos consideran a este brillante músico como un silencioso, sin embargo habló mucho y sus frases siempre fueron muy interesantes para analizar. Entre sus principales tópicos de discusión siempre se encontró la distinción de razas. Su continua queja por el racismo lo lleva a convertirse inconscientemente en un racista, discriminando en varias declaraciones a los blancos por sus gustos musicales y por su manera de comportarse en referencia a la música.

       Uno de los aspectos más llamativos de Miles Davis es su continua búsqueda de innovación, idea que también lo afectaba a la hora de escuchar música. "No comprendo que la gente escuche viejas grabaciones como Birth of the Cool o Miles Ahead. Me es absolutamente imposible escuchar estos discos. Mañana, seguramente ya no podré escuchar el disco que hoy está en mi tocadiscos. Y ocurre con todos los discos. Escucho un disco durante una o dos semanas y ya está. Hace unas semanas, escuché a Rachmaninov y, posiblemente, no lo volveré a poner en el tocadiscos. Tal vez nunca”, diría en 1971 a “Jazz Magazine”. Contrariamente, así como se mostraba de innovador, también era un conservador en lo que a la teoría musical indicaba. Varias veces criticó públicamente a Ornette Coleman, considerado uno de los creadores del free jazz (un estilo en el que se toca sin escalas). En 1975 dijo a “Jazz Magazine”: “Ornette Coleman hace el ridículo cuando toca la trompeta. Pero toca cada nota con tanta seriedad que la gente se queda impresionada, sobre todo los blancos”.

       Considerado uno de los músicos más influyentes de la historia del jazz, Miles Davis será por siempre apreciado por todo el público del jazz. Un genio, un innovador, un artista que lo dijo todo. "Antes que nada, toco para mí. Si hay gente que viene a escucharme, mejor”. Sólo eso.

     

    NOTA: Como material bibliográfico usé http://www.tomajazz.com/musicos/miles/miles.htm. Así que si quieren leer un poco más, se las recomiendo. Fundamentalmente, entren a la sección de sus frases, donde están todas sus declaraciones a "Jazz Magazine" que reflejan un poco su forma de ser.

    September 26

    El precio del éxito

    “A sangre fría me chupó hasta la médula de los huesos… acabó conmigo”. El precio de haberse involucrado a tal nivel en lo que sería una de los libros más relevantes de la historia de la literatura fue más caro del que Truman Capote alguna vez siquiera imaginó. Nacido el 30 de septiembre de 1924 como Truman Streckfus Persons en Nueva Orleáns, Estados Unidos, este brillante escritor y periodista incorporó al género literario un nuevo estilo, el de la novela real, pero tuvo que pegar un precio muy alto a cambio.

    Ya desde chico, Truman García Capote (apellido que tomaría del segundo marido de su madre) se pasaba de cuatro a cinco horas diarias escribiendo, y si alguien le preguntaba qué hacía, él simplemente respondía que estaba haciendo las tareas del colegio. A los 10 años, ganó un concurso literario con “Viejo señor metiche”, pero los organizadores del evento no publicaron su obra porque descubrieron que era una copia de la realidad. “Los escritos más interesantes que realicé en aquella época consistieron en sencillas observaciones cotidianas que anotaba en mi diario”, recordó Capote posteriormente.

    Capote comenzaría a ejercer el periodismo a los 17 años, trabajando como corrector para la revista “The New Yorker”, pero sus jefes lo veían como “un enano vanidoso que se paseaba por las oficinas de la revista sin poder colocar ninguno de sus cuentos”. Sin embargo, cuatro años más tarde ya se hablaba de él como la más fulgurante joven promesa de la literatura americana. Este cambio lo ocasionó la publicación de su cuento “Miriam” en la revista “Mademoiselle”.

    Luego de su primer éxito literario, llegó su primera novela. En enero de 1948, se publicó “Otras voces, otros ámbitos”, libro que lo lanzó definitivamente a la fama y que generó su exilio al sur de Italia, donde aprovechó su estadía para escribir una serie de relatos sobre los distintos lugares que iba conociendo. La publicación de “Se oyen las musas”, un texto que surgió a partir de una excursión soviética para cubrir la presentación de una compañía estadounidense en Leningrado en plena Guerra Fría, fue la previa de lo que vendría a continuación, de su capacidad de innovación. Ante las críticas por su “sorprendentemente” buena escritura a su temprana edad, Capote respondió diciendo: “¿Sorprendente? ¡Sólo había estado escribiendo día tras día durante catorce años!”.

    Al año siguiente, el escritor quiso desarrollar un nuevo aspecto de periodismo, y lo hizo a la perfección. Capote sostenía que la presencia de un grabador o el hecho de tomar notas destruían la naturalidad de una entrevista. En consecuencia, viajó a Kioto, Japón, para entrevistar a Marlon Brando y realizar su experimento. El resultado fue genial. En 1957 publicó “El Duque en su dominio”, un perfil de Brando donde logró transcribir casi textualmente la charla que mantuvo con él únicamente memorizando los diálogos.

    Su continua búsqueda de innovación lo llevó a la creación de la novela real. La mañana del 16 de noviembre de 1959 fue una bisagra en la carrera de Capote. Al leer en el “New York Times” la noticia que titulaba “Rico agricultor y tres miembros de su familia asesinados”, inmediatamente supo que ahí estaba su próximo libro. Seis años le tomó escribir la trágica historia ocurrida en Holcomb, un pequeño pueblo de Kansas, pero sus consecuencias fueron aún mayores. Capote se entrevistó con miembros del pueblo, comisarios, amigos de la familia y hasta entabló amistad con los dos asesinos, Dick Hickock y Perry Smith. Realizó un trabajo excepcional que rondaba las seis mil páginas de notas, entrevistas, recortes de diario e informes jurídicos, pero sólo utilizó un 20 por ciento de su investigación. En enero de 1966, el libro fue publicado e instantáneamente se convirtió en un éxito crítico y comercial.

    Sin embargo, esta experiencia lo marcó profundamente. Pasó mucho tiempo sin publicar ninguna obra y se hundió en un mundo de drogas, alcohol y fármacos. Entre los mayores problemas que lo atormentaron, se encontraba la relación tan íntima que formó con Perry Smith, uno de los asesinos de la familia Clutter, antes de que lo ajusticiaran. Llegó 1980 y, tras atravesar una etapa de desintoxicación, completó los textos de su último trabajo, “Música para camaleones”.

    Cuatro años más tarde, el 23 de agosto de 1984, Truman García Capote murió por una intoxicación múltiple con fármacos diversos. Su vida se basó en una búsqueda constante de nuevos horizontes. “Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo, y el látigo es únicamente para autoflagelarse”. Eso escribió Capote muchos años antes de escribir “A sangre fría”. Eso lo llevaría a la depresión, a la droga, al alcohol… y a la muerte. 

    September 07

    40 años de Les Luthiers: entre el amor por Rosario y un trabajo agotador

       40 años de humor y diversión asegurada son los que le regaló Les Luthiers al mundo. Al ingresar a la exposición en homenaje a ellos, ubicada en el Centro Cultural Recoleta, lo primero que está a la vista es un texto escrito por Roberto Fontanarrosa que habla acerca de su amistad con los integrantes del grupo y de la genialidad y el talento que ellos poseen. De ahí en adelante, el apego del grupo humorístico por la ciudad rosarina y la intensidad con la que trabajaban son las atracciones más llamativas de la muestra.

    La “Expo Les Luthiers: 40 años, 5 décadas, 2 siglos” se divide en varias secciones. Para comenzar, hay un pasillo repleto de contenidos e información de los años anteriores a la formación del conjunto y una vitrina con premios recibidos y libros escritos sobre ellos. La parte central de la muestra está dividida en cuatro secciones o décadas. Allí se muestra la progresión de Les Luthiers año tras año. Ante esta evolución los visitantes se quedan maravillados, y en algunos años hay pantallas con videos de sus obras donde se acumulan los admiradores. Un dato que sobresale de esta sección es la cantidad de funciones que realizaban por año. Se podría decir que hay años en los que el denominado “Conjunto de Instrumentos Informales Les Luthiers” hacía funciones casi todas las noches. En los primeros tres años, el número de funciones se mantiene dentro de los márgenes de la normalidad, pero a partir de 1970, Les Luthiers sorprende con números que van desde las 240 presentaciones de ese año hasta las 325 en 1973, el cual fue su máximo número de presentaciones en un año. Manteniéndose en el ámbito de la música, resulta impactante ver que estos artistas superan los números que cualquier banda, no importa el género musical que desempeñen, pueda alcanzar.

    A medida que avanzan los años, puede notarse que la cantidad de funciones va cediendo. Los integrantes van creciendo y el ritmo no puede ser el mismo. Sin embargo, en este año ya se han presentado 78 veces, cifra que sigue siendo interesante pese a no compararse con años anteriores. En esta sección, el año 1978 es el punto donde toda la gente se detiene a observar con curiosidad; es que en ese año Les Luthiers se presentó en Rosario y los músicos conocieron a Fontanarrosa, hombre que a continuación pasó a ser un “colaborador creativo del grupo” (textuales palabras del humorista rosarino) y a quien la banda le atribuyó la responsabilidad en muchos de sus aciertos.

    El salón de instrumentos musicales también es muy visitado, sobre todo para sacar fotos, pero otro punto destacable de la exposición es un mural que está dedicado a la ciudad que los fascinó, esa misma en la que conocieron a Fontanarrosa y en la que estrenarían todas sus obras a partir del año en que lo conocieron. La ciudad santafesina de Rosario recibió por primera vez a Les Luthiers en 1970, tres años después de su formación, y tiene el honor de ser la ciudad en la que los músicos estrenaron todas sus obras a partir de 1978. Fontanarrosa, un gran referente de esta ciudad, escribió en la entrada que cuando los vio por primera vez se quedó tan maravillado que volvió a su casa y se metió en una calle de contramano. “En Rosario, ciudad a la que conozco como a la palma de mi mano”, agregaría “el negro” a continuación.